
"El que vive de esperanzas corre el riesgo de morirse de hambre." -Benjamin Franklin-
Tomar el rumbo de mi vida, en todos los aspectos, era algo que había decido postergar, la mayoría de las veces pedía opiniones a todo el mundo y lo que decidía la mayoría era lo que decidía yo al final. Esta vez fue diferente, esta vez decidí escucharme, sólo a mí, y sí… pedí opiniones y escuché tantas cosas que me hacían convencerme aún más o ponerme nuevamente a dudar. Sí, una vez más estoy hablando de cuestiones del amor, pero… ¿qué quieren? Soy una romántica empedernida, debo aceptar…
Hoy decidí abrir mi corazón, para muchos puede parecer algo trivial, algo sumamente cotidiano, sin nada extraordinario, nada en particular. Pero aún habemos personas sumamente apegadas a tradiciones antiguas, a prejuicios sociales, y si de algo me he dado cuenta, es que las mujeres en este ámbito, nos vemos prisioneras en un mundo que se jacta de llamarse libre. Sin embargo, me cuestioné y me cuestionaron ¿qué de malo tiene hablar de lo que sentimos? Nada… Es cierto que impacta mucho la forma en la que lo digas, pero por el simple hecho de hablarlo no te restas o te sumas dignidad, tú eres la única persona que sabe cuanto vale, y si tú no lo sabes, si tú misma no lo reconoces, ¿cómo esperas que alguien más lo haga por ti?
No voy a relatar todo lo que tuve que pasar para lograr expresar mis sentimientos por alguien más de frente a esa persona, me limitaré a decir que fue un momento de muchísima tensión, de lágrimas aglomeradas en mis ojos y de una soga invisible apretando cada vez más mi cuello, ¿y después? Nada pasó, cada quien se fue por su lado… o al menos eso es lo que externamente pareció. Pero en mí sí hubo un cambio, lo hubo porque me di cuenta de cuan capaz soy para hacerle frente a mi corazón, para luchar contra los demás y contra mí misma por defender lo que quiero. Mi psicóloga se habría puesto muy feliz al descubrir mi gran logro…
Hace poco escuché que Platón decía que en el mundo se nos presentan muchas situaciones y de cada una debemos de aprender una lección, pero si no la aprendemos como debemos en ese mismo instante, se nos presentarán más iguales… una y otra vez hasta que la asimilemos y utilicemos lo aprendido para cambiar y ser mejores. Cuando le dije lo que sentía a ese chico especial, me di cuenta de que él llegó a mi vida para que aprendiera por fin ESA lección. Porque me había enamorado 2 veces antes, o al menos eso he creído, y en ambas ocasiones me aterraba lo que sentía, tenía miedo de que estuviera mal, de lo que los demás fueran a pensar. Necesité ser alguien más para liberar mi corazón, y esa liberación no era más que utopía, porque en ninguna ocasión me hizo sentir mejor, nuevamente me hizo prisionera en una jaula de oro, y más que valentía… me hacía cobarde, y me justificaba tras el escudo de los prejuicios, de los estereotipos, pero… de nada me sirvió.
En un ataque de revelación me di cuenta de que esta vez fue distinto, esta vez me enamoré, de una forma diferente, de alguien más especial, y no se compara con las demás por el simple hecho de que esta vez yo crecí, esta vez era la definitiva para entender mi lección. ¿Qué lección? Que sólo yo puedo hacerme valer por lo que soy, que lo que los demás piensen de mí es sólo problema de ellos, que la sociedad no puede decirme que está bien y qué está mal porque eso es relativo, yo decido qué me hace feliz, pero tengo que cuidar no dañar a nadie más, que no debo temer de mis sentimientos, que aunque a veces no obtengas el resultado que esperas, aún puedes obtener algo que te haga feliz y no pierdes nada por intentar, que la vida no se detiene y no hay error que no se pueda remediar, que siempre puedes tener otra oportunidad si luchas por ella… En fin, aprendí demasiado y no me arrepiento de absolutamente nada, no me arrepiento de enamorarme, no me arrepiento de haber sido sincera, no me arrepiento de seguir sonriendo con su recuerdo… sin embargo creo que lo único que cambiaría sería que me hubiera gustado aprender la lección con alguien distinto, con alguien simplemente menos increíble…





